Page 722 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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persistieron,  lo  suficiente  —supongo  que


                  varios siglos para hacerse casi opacas, como


                  modelos toscos. El mar perdió su color azul


                  y mutó a una capa de gris sucio, con las olas


                  difusas  por  nuestro  viaje;  el  aire  parecía


                  estar teñido de marrón, como la niebla del


                  Londres de 1891, lo que daba a la escena un



                  brillo  crepuscular  sucio,  y  el  aire  parecía


                  más cálido.


                  Era  sorprendente  que  a  medida  que  los


                  siglos quedaban atrás, sin que importase el


                  destino  de  los  edificios  individuales,  la


                  forma general de la ciudad seguía siendo la


                  misma. Podía ver la banda del río central —



                  el  proto‐Támesis—  y  las  cicatrices  de  las


                  rutas  principales  permanecían,  en  su


                  aspecto esencial, inalteradas por el tiempo;


                  era una perfecta demostración de cómo la


                  geomorfología, la forma del paisaje, domina


                  la geografía humana.


                  —Está             claro          que          los        colonos              han


                  sobrevivido —le dije a Nebogipfel—. Se han


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