Page 743 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Pero no contestó.
Puse los brazos a mi alrededor e intenté
mantenerme caliente. Las garras del frío se
hundieron más profundamente en la piel de
la Tierra, y aumentó el grosor del hielo, siglo
tras siglo, como una marea que subiese
lentamente. El cielo parecía despejarse —la
luz de la banda solar parecía brillante y
dura, aunque aparentemente sin calor— y
supuse que el daño provocado a la delgada
capa de gases vitales se estaba reparando
con lentitud, ahora que el hombre ya no era
una fuerza sobre la Tierra.
Aquella Ciudad Orbital todavía colgaba,
brillante e inaccesible, en el cielo sobre la
tierra helada, pero no había rastros de vida
en la Tierra, y todavía menos de la
humanidad.
¡Después de algunos millones de años de
aquello empecé a sospechar la verdad!
—Nebogipfel —dije—. No va a acabar
nunca... esta Edad de Hielo, ¿no?
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