Page 900 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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asombro, también tuve que luchar contra las


                  náuseas.


                  Inmediatamente el Constructor desapareció


                  de mi vista. Grité


                  —¡no pude evitarlo!— y me agarré al banco


                  del  coche  del  tiempo.  Creo  que  nunca  me


                  había  sentido  tan  perdido  y  solo  como  en



                  aquel  momento  en  que  nuestro  fiel


                  acompañante durante ochocientos mil años


                  nos abandonó —o eso parecía— de pronto


                  en un mundo extraño.


                  El cabeceo de la banda del Sol se suavizó y


                  desapareció; en segundos percibí el cambio


                  de luz que marca el paso de la noche al día,



                  y el cielo perdió su tono gris luminoso.


                  Ahora la luz verde de la plattnerita llenaba


                  el aire a mi alrededor; estaba por completo


                  alrededor de nuestra bóveda, y oscurecía las


                  impasibles planicies de la Tierra Blanca con


                  su parpadeo lechoso.


                  El  aleteo  de  días  y  noches  se  redujo  a  un


                  latido más lento que mi pulso. Justo en el


                                                                                                   900
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