Page 903 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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La  red  no  se  extendía  hasta  el  coche  del


                  tiempo: parecía que se detenía a la distancia


                  a  la  que  había  estado  nuestro  domo.


                  Todavía podía respirar con comodidad, y no


                  sentía  más  frío  que  antes.  La  protección


                  ambiental del domo todavía debía de estar


                  ahí, de alguna forma; y pensé que el domo



                  todavía  estaba  presente,  porque  veía  un


                  reflejo lejano en la superficie superior, pero


                  tan  incierta  y  variable  era  la  luz  de  la


                  plattnerita que no podía estar seguro.


                  Tampoco  podía  distinguir  el  suelo  debajo


                  del coche del tiempo. La red parecía que se


                  extendía  debajo  de  nosotros,  dentro  de  la



                  estructura  del  edificio.  Sin  embargo,  no


                  entendía  cómo  aquella  redecilla  endeble


                  podía soportar la masa del coche del tiempo,


                  y sentí una punzada súbita de vértigo. Dejé


                  a  un  lado  con  determinación  esa  reacción


                  primitiva.  La  situación  era  extraordinaria,


                  pero deseaba portarme bien —¡sobre todo si


                  aquellos iban a ser los últimos momentos de


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