Page 719 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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pudo mantenerlas juntas y antes del nacimiento
de la Tierra se separaron.
Una de las jóvenes estrellas llameó
directamente sobre mi cabeza. Se expandió,
para hacerse de pronto tan grande como para
tener disco, pero haciéndose más roja y
apagada... hasta que finalmente murió, y cl
brillo de esa parte de la nube también murió.
Ahora otra estrella, casi diametralmente
opuesta a la posición de la primera, atravesó
el mismo ciclo: la llamarada, seguida de la
expansión en un brillante disco carmesí, y
después la extinción.
Todo ese drama magnífico, deben
imaginarlo, se ejecutaba contra un fondo de
absoluto silencio.
Estamos presenciando el nacimiento de las
estrellas, dije, pero a inversa.
Sí. Las estrellas embrionarias encienden las nubes
de gases donde nacen —esas nebulosas son un
espectáculo maravilloso—, pero después de la
ignición estelar, los gases más ligeros escapan del
calor, dejando solamente los materiales más
pesados...
Materiales que se condensan para formar
mundos, dije.
Sí.
Y entonces —¡tan pronto!— le tocó al Sol. Se
produjo la llamarada incierta de luz blanca
amarillenta, un resplandor que se reflejó en
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