Page 717 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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persistía en los mares, pero allí también se
estaba simplificando, con filos enteros que
desaparecían en las entrañas de la historia:
primero los peces, luego los moluscos, y
ahora las esponjas, las medusas y los
gusanos... AL final, comprendí, sólo un alga
verde y delgada —que trabajaba para
convertir la luz del Sol en oxígeno— sería lo
que quedase en los mares oscuros. La tierra
era rocosa y estéril, y la atmósfera se hizo
más densa, manchada de amarillo y marrón
por los gases venenosos. Grandes fuegos
surgieron sobre la Tierra, simultáneamente.
Nubes densas enmascaraban el globo y los
mares retrocedían como charcos secos. Pero
las nubes no persistieron durante mucho
tiempo. La atmósfera se hizo más delgada,
luego bastante escasa, hasta que desapareció
por completo. La corteza expuesta brilló con
un rojo uniforme, menos las grandes heridas
naranjas que se abrían y cerraban como
bocas. No había mares, ni diferencia entre el
océano y la tierra: sólo una corteza
interminable y castigada sobre la que
flotaban las Naves del Tiempo, observadoras
y gráciles.
Luego el brillo de la corteza creció en
intensidad —hasta ser un resplandor
intolerable— y, con una explosión de
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