Page 107 - Hijos del dios binario - David B Gil
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Alicia  sonrió  al  tiempo  que  se  le  saltaban  las


           lágrimas. Fue una sonrisa liberadora que conjuró la


           tristeza que comenzaba a oprimirle el pecho.


                  —No te preocupes por mí, cariño. Aunque no



           lo creas, mamá es una chica dura.


                  —Sí que lo creo. Sé que eres una chica dura. ¡Yo


           también lo soy! —exclamó, y echó la cabeza sobre


           las rodillas de su madre.


                  El vehículo descendió al garaje y estacionó en la


           plaza  que  les  correspondía.  Alicia  sujetó  la  mano


           de  su  hija  con  fuerza  mientras  caminaban  en



           dirección al ascensor.


                  —¿Sabes?  Hoy  tendremos  un  invitado  a  la


           comida.


                  —Déjame adivinar: Girard.


                  —Sí.  Viene  a  ayudarme  con  el  trabajo  de  esta


           tarde.


                  —¡Bien!  —exclamó  Lara,  que  siempre  había


           sentido  predilección  por  el  viejo  amigo  de  su


           madre.



                  Una  vez  en  casa,  Alicia  se  dedicó  a  los


           preparativos  del  almuerzo  mientras  la  pequeña


           remoloneaba a la espera de que sonara el timbre de


           la puerta. Cuando lo hizo, Lara comenzó a correr al


           tiempo que gritaba: «¡Ya voy yo!». Su madre tuvo


           que llamarla para que parara y no abriera hasta que




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