Page 61 - SALUD Y JUVENTUD
P. 61
Como su silla no podía entrar en la Pirámide, por ser
metálica, el padre entró con la pequeña en brazos.
Al verla,supe que sólo con esa energía no se iba a
recuperar. Comprendí que la niña tenía un problema de origen
psicológico.
El padre, quien ya había recorrido centros médicos y hasta
esotéricos en varios países, con el afán de encontrar una cura
para su hija, llegó a visitar nuestra Pirámide como una última
esperanza.
Él era viajante y me contó que al regresar de una de sus
giras, encontró a su hija inmovilizada en la cama.
Los médicos le realizaron infinidad de análisis y no
hallaron un diagnóstico para el caso. En su desesperación
llegó a visitar varios brujos, porque le habían dicho que la
niña tenía un daño.
Yo sentí que ese no era el motivo de su parálisis.
Por eso le enseñé al padre una Dabraká para encontrar la
luz, para descubrir la verdad y a través de ella, hallar una cura
para su hija.
Ese mismo día, junto conmigo, comenzó a meditar en la
Dabraká NUJ AHEMETH... En ese momento pensé que
ojalá él no fuera como tantos otros, a quienes les damos una
enseñanza y al poco tiempo la abandonan porque esperaban
un milagro inmediato. Uno de aquellos que no tienen fe, que
no se sacrifican y que no ponen voluntad en su lucha, que
sólo esperan que las soluciones caigan del cielo.
Pero este padre actuó distinto. Hizo la Dabraká todas las
noches antes de acostarse. Se sentaba frente a una ventana
por la que podía ver las estrellas y a su izquierda colocaba
una vela encendida sobre una mesita con un mantel rojo.
Antes de comenzar a meditar, hacía la promesa a su alma
o a su conciencia, de que realizaría buenas acciones cuando
el NUJ AHEMETH le diera su respuesta. Como dije
anteriormente, él se comportó muy distinto a otros, que sólo
quieren recibir pero no ofrecen nada...
57

