Page 202 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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colocado junto a un inmenso radio del más vivido azul,
pero ese hilo medía casi dos mil kilómetros de
diámetro. Vavatch tenía tierra más que suficiente.
Pero los Megabarcos eran su mayor atractivo, y
siempre lo habían sido.
—¿A qué iglesia perteneces?—preguntó Dorolow
volviéndose hacia Horza—. Tendrás alguna religión,
¿no?
—Sí —replicó Horza sin apartar los ojos de la
pantalla que ocupaba casi toda la pared al final de la
mesa del comedor—. Creo en mi supervivencia.
—Entonces... Tu religión muere contigo. Qué pena
—dijo Dorolow, apartando los ojos de Horza y
posándolos en la pantalla.
El Cambiante prefirió no replicar.
La conversación había empezado cuando Dorolow,
impresionada por la belleza del gran Orbital, expresó la
creencia de que pese a haber sido construido por
criaturas tan viles como los seres humanos ofrecía un
testimonio triunfante del poder de Dios, ya que Dios
había creado al Hombre y a todas las criaturas dotadas
de alma. Horza no estaba de acuerdo con Dorolow, y el
que aquella mujer pudiera utilizar una demostración
tan obvia del poder de la inteligencia y el trabajo como
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