Page 24 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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persona que está de mi parte y que esa persona quizá

              sea mi peor enemigo.


                     Había  tenido  la  intención  de  que  sus  palabras

              sonaran  como  un  desafío  irónico,  pero  cuando  las


              pronunció se dio cuenta de que en ellas no había nada

              salvo amargura. Apartó los ojos del rostro de la mujer.


                     —Lo prometo —dijo Balveda.



                     Se dejó llevar hasta la puerta y la pálida luz azulada

              se  fue  alejando  del  húmedo  recinto  de  la  celda,

              haciéndose cada vez más débil. Balveda se detuvo en el


              umbral. El prisionero podía verla si estiraba el cuello al

              máximo.  Se  dio  cuenta  de  que  el  proyectil  cuchillo

              también estaba allí: probablemente había estado todo el


              tiempo  dentro  de  la  celda,  pero  no  había  visto  su

              reluciente y esbelto cuerpo flotando en la oscuridad. El

              proyectil  cuchillo  se  movió  y  el  prisionero  clavó  la


              mirada en los oscuros ojos de Balveda.


                     Durante un segundo pensó que Balveda le había

              dado  instrucciones  de  que  le  matase  deprisa  y  en


              silencio  mientras  su  cuerpo  se  interponía  entre  él  y

              Amahain—Frolk,  y  su  corazón  latió  con  más  fuerza.


              Pero  la  máquina  diminuta  se  limitó  a  pasar  junto  al

              rostro de Balveda y desapareció en el pasillo. Balveda

              alzó una mano en un gesto de adiós.


                     —Adiós, Bora Horza Gobuchul —dijo.





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