Page 29 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Horza se volvió hasta quedar de cara al corpachón

              blindado  y  alzó  los  ojos  hacia  el  visor  del  casco  del

              gigante, donde pudo ver reflejado su rostro de viejo.


              Tragó  una  honda  bocanada  de  aire,  asintió  con  la

              cabeza, se dio la vuelta y fue hacia la lanzadera con paso

              un  poco  vacilante.  Un  destello  luminoso  proyectó  su


              sombra en diagonal ante él, y la onda expansiva de una

              gran explosión producida en algún punto del interior


              del palacio hizo bailar el aparato mientras la rampa se

              hundía en el casco.





                     «Por  sus  nombres  les  conocerás»,  pensó  Horza


              mientras  se  duchaba.  Las  Unidades  Generales  de

              Contacto de la Cultura —que habían soportado el peso

              principal de los primeros cuatro años de guerra en el


              espacio—,              siempre             habían           escogido             nombres

              extravagantes y pintorescos. Incluso las nuevas naves

              de guerra que estaban empezando a producir a medida


              que sus fábricas completaban los pasos necesarios para

              contribuir  al  esfuerzo  bélico  preferían  nombres


              irónicos,  sombríos  o  declaradamente  desagradables,

              como  si  la  Cultura  no  lograra  tomarse  totalmente  en

              serio aquel vasto conflicto en el que se había metido.



                     Los idiranos eran distintos. Para ellos el nombre de

              una  nave  debería  reflejar  la  seria  naturaleza  de  su

              propósito, sus deberes y el uso que se iba a hacer de ella.



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