Page 28 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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                                           La mano de Dios 137





                     Fuera del palacio el límpido cielo de una fría tarde


              invernal  estaba  lleno  de  lo  que  parecía  nieve

              resplandeciente.


                     Horza  se  detuvo  en  la  rampa  que  llevaba  a  la


              lanzadera  de  combate,  alzó  los  ojos  y  miró  a  su

              alrededor. Las paredes desnudas y las esbeltas torres

              de  la  prisión—palacio  vibraban  y  reflejaban  las


              detonaciones y destellos de los combates mientras las

              plataformas  de  artillería  idiranas  iban  y  venían

              disparando de vez en cuando. La brisa las envolvía en


              grandes  nubes  de  señuelos  procedentes  de  los

              morteros antiláser instalados en el techo del palacio.

              Una ráfaga más fuerte que las demás hizo que unos


              cuantos  señuelos  metálicos  se  desplazasen  hacia  la

              lanzadera,  y  Horza  se  encontró  con  un  lado  de  su


              cuerpo húmedo y pegajoso repentinamente cubierto de

              plumaje reflectante.


                     —Por  favor...  La  batalla  aún  no  ha  terminado  —


              atronó  la  voz  del  soldado  idirano  que  había  a  su

              espalda en lo que, probablemente, tenía intención de

              que fuese un murmullo.









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