Page 81 - Los Sin Nombre - Ramsey Campbell
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Los sin nombre: 6                                                    Ramsey Campbell

            se había sumergido aún más en el vacío de su interior,

            en un lugar reseco en el que no había lágrimas.


               Más tarde (puede que días después), oyó decir a Jan:

               –Dios  mío,  espero  que  cojan  a  ese  cerdo.  Sé

            perfectamente lo que le haría.


               Le resultaba imposible soportarla. ¿Acaso creía que

            eso traería de vuelta a Angela? Por fin, cuando Barbara


            estaba  a  punto  de  ponerse  a  gritar,  Jan  aceptó  que

            quería  estar  sola.  Entonces  pudo  hacer  lo  que

            realmente deseaba.


               Conectó  el  intercomunicador  de  la  habitación  de

            Angela  y  esperó  ansiosa,  suplicante.  La  electricidad

            estática  le  susurraba,  en  el  aparato  flotaban  voces


            metálicas  y  distantes.  La  casa  cada  vez  estaba  más

            oscura, el silencio se intensificó y, por fin, se dio cuenta

            de que estaba sentada como una catatónica envuelta en


            soledad, esperando obcecadamente al fantasma de su

            hija asesinada. Así solo conseguiría sumirse aún más


            en  la  desesperación.  Se  sentía  tan  enfadada  consigo

            misma que por fin fue capaz de reaccionar.

               Al día siguiente, temprano, metió todos los juguetes,


            libros y ropa de Angela en el coche y abandonó Otford.

            Aunque no tenía ni idea de adonde iba, pronto estuvo


            en Maidstone, donde el olor de la malta que quedaba

            atrapada  bajo  las  monótonas  nubes  de  noviembre

            resultaba casi sofocante. Encontró un mercado benéfico





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