Page 394 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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átomos. Y así es como los tic‐tocs mueren: con el calor
de su propia vitalidad.
De forma gradual, el agua se filtra de vuelta hacia
las minas, colándose por entre las grietas de la piedra
caliza y las fisuras del granito. Cuando una cantidad
suficiente haya ocupado esa cáscara del pasado, un
átomo se desintegrará por mero azar y liberará el
neutrón que comenzará otra vez la reacción en cadena,
lo que dará lugar a un florecimiento de nuevas ideas y
nuevas creencias, una nueva generación de vida que
prenderá a partir de los rescoldos de la anterior.
Hay quien ha cuestionado la idea de que los tic‐tocs
sean capaces de pensar. ¿Cómo pude considerarse que
piensen, preguntan los escépticos, cuando las
trayectorias de los neutrones vienen determinadas por
esas leyes de la física que solo tienen una pizca de
aleatoriedad? ¿Dónde está su libre albedrío? ¿Y su
autodeterminación? Mientras tanto, los reactores
electroquímicos de los cerebros de esos mismos
escépticos continúan zumbando, siguiendo las leyes de
la física con idéntico rigor.
Al igual que las mareas, las reacciones nucleares de
los tic‐tocs siguen una cadencia. Ciclo tras ciclo, cada
generación descubre el mundo de nuevo. Los antiguos
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