Page 48 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
P. 48

Su alma estaba al otro lado de esa puerta, pero eso no la


             inquietaba. No estaba contando los segundos. El vasito

             que contenía su vida pertenecía a otro tiempo, a otro

             lugar.



                    —«Et vino et sale et omnibus cachinnis» —terminó él

             por ella—. «Y vino y sal y ganas de reír».




                    Rina vio un salero sobre la mesa. La sal hacía que la

             comida más sosa resultara aceptable. La sal era como el

             ingenio y la risa en una conversación. La sal convertía

             lo  vulgar  en  extraordinario.  La  sal  transformaba  lo


             sencillo en hermoso. La sal era el alma de él.



                    Y la sal dificultaba la congelación.



                    Rina se echó a reír.



                    Entonces se desabrochó la blusa. Él hizo ademán de

             incorporarse,  de  impedírselo.  Ella  movió  la  cabeza

             negativamente y le sonrió.



                    No tengo una vela que quemar por ambos extremos. No


             mediré mi vida a cucharaditas de café. No tengo agua fresca

             con  la  que  calmar  mi  deseo,  porque  no  llevo  encima  mi

             pequeña porción congelada de casi muerte. Lo que tengo es mi

             vida, pensó.




                    —Toda vida es un experimento —dijo.

                                                                                                          48
   43   44   45   46   47   48   49   50   51   52   53