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Antología de la dominicanidad:
Yoryi Morel 1969-1979
En el diario El Caribe (marzo 1, 1969) el crítico Manuel Valldeperes escribió: «Decir que Yoryi Morel es un
pintor netamente dominicano es quedarse en lo superficial, en lo anecdótico de un artista que jamás se ha engañado a
sí mismo, que ha pintado lo que ha querido y como ha querido, de acuerdo con su sensibilidad y la desnudez de su alma.
Sus obras en general, versan sobre temas acordes, por su atractivo, con su especial sensibilidad, como son por ejemplo,
los tipos y los paisajes cibaeños y, por extensión los tipos y los paisajes nacionales, que pinta con fuerza y sobre todo
con lealtad. No hay en estas obras pintoresquimo, sino pictoricidad. Pintor temperamental, es en estos asuntos donde
le place señalar las formas de sus elementos, pero sujetándolos plenamente para hacer más claro su fraseo. Sus sombras
acentúan la transparencia del color (…). Para Yoryi Morel es fundamental la relación del tema con la naturaleza –fi-
gura o paisaje–, pero esta relación no es directa. Cierto que el artista está vinculado al tema, pero no por acercamiento
mental, sino emocional».
Valldeperes recalca que su obra: «es producto de un artista emocional que jamás se ha engañado a sí mismo. Lo
que en ella pudiera parecer tipicismo o folklore, es en su esencia vida: vida vivida y sentida. Por eso hay que analizar
bien su pintura, para no quedar en lo somero, en lo superficial, en lo anecdótico y comprender que su obra es un eco de
lo nacional en la pintura tradicional de hoy. Porque mientras otros pintores han escarbado en las esencias de lo nacional
a través de voces y expresiones ajenas, Yoryi Morel llega a la pintura dominicana para quedarse en ella intuyendo el
camino. Su morfología solo está sujeta a las exigencias emocionales. Sin embargo, en su pintura global podemos advertir,
junto a la desnudez, de la naturaleza, los efectos de la alegría de vivir. Hay, pues, esencial dominicanidad, como ya
hubimos de reconocer, en la obra de Yoryi Morel. Y entendemos por dominicano lo que está en la mente y en el corazón
de los dominicanos, lo que vibra a través de su espíritu, que es la máxima manifestación de su ser. Por consiguiente, lo
dominicano es esencial a los nacidos en esta tierra y que por serlo trasciende. Y esto es lo que Yoryi Morel refleja en su
pintura –hombre y naturaleza–, sirviéndose, en primer término, de los factores emocionales».
«Su principal preocupación ha sido siempre la de no quedarse alejado de la realidad. Quizás sea esa la razón del
excelente empleo de la luz en cada uno de sus cuadros, de coloración sorprendente. Si el color es usado por él de acuerdo
con las exigencias vitales del cuadro, la luz satisface –y siempre con exactitud– los reclamos emocionales que son los más
afines a su preocupación plástica. (…) en Yoryi Morel hay mucho de evocativo…».
«Lo evocativo en su pintura surge más que de la manera de tratar el asunto, del equilibrio que hay en sus cuadros
entre la realidad y la atmósfera que la rodea, de la capacidad creadora del artista, que comprende además, de lo pura-
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