Page 128 - Arte e Historia
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Neocomportamiento
de los lenguajes modernos
Grandes y veteranos maestros de la modernidad dominicana fallecieron en la séptima década del siglo
XX, dejando el rastro de un legado trascendido: el vanguardista Jaime Colson, en 1974; el delirante Yoryi
Morel, en 1979; y el alucinado Gilberto Hernández Ortega, en 1979. Andando los 80, fallece a los 95 años
la gran precursora Celeste Woss y Gil (Santo Domingo, 1890-1985), en tanto Darío Suro rememora en la
ciudad Federal de Washington el ciclo de paisajes y bosques dominicanos en cerámica, escultopintura y
telas al acrílico, casi paralelamente al ciclo de su oratoria erótica.
Darío Suro refunde aspectos del paisaje y de la corporeidad humana en la notable obra «Tormenta»,
óleo/tela 48x36 cms., del 1987; obra que ofrece la visualidad de una pierna emergiendo hasta su pie, de
huracanadas aguas en movimiento. Cuadro de dramático lirismo donde figuración y un foco geométrico,
definen embate y muerte. Es una elocuente representación del cauce de nuestra pintura de la que Suro es
un eje central de sus constantes transgresiones vitales, o auto rupturas que él justifica cuando afirmaba que
mantenerse en un mismo estilo y discurso –lingüístico y temático– es aburrídísimo.
Si algunos caracteres generales pueden apreciarse en la modernidad o contemporaneidad de nuestras
artes visuales, uno es su atemporalidad en el contexto occidental del cual emerge su nutrición. Otro es la
polisíntesis de sus conjugaciones lingüísticas; y el tercera, el sentido de pertenencia que expresa el sector
artístico para interpretar las tendencias con acopio nacional, en mayor medida. En las décadas 1970-1990,
pueden deslindarse la nueva figuración dominicana, los realismos simultáneos como el academicista y el
naturalista, el hiperrealismo y el realismo mágico. También la neoabstración conceptual y el neoexpresionis-
mo, la figuración geométrica, la neosurrealidad, el neohumanismo espectral y el paisajismo ochentista en el
que conocidos, nuevos y veteranos pintores se subscriben. La generación del ochenta, en su representación,
expresa el espíritu de adecuación a ciertas pautas históricas de la pintura dominicana, aunque el espíritu de
libertad en cada pintor tiende a individualizarse como visualizador.
La nueva figuración
Es una tendencia vinculada al realismo que al prescindir del dramatismo expresionista, dosifica la reali-
dad con interpretación serena, simple y subjetiva. Se plantea con algunos maestros: Fernando Peña Defilló,
quien abandona la abstracción; con Guillo Pérez y su enrumbamiento hacia visiones locales cargadas de
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