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Finalizaré esta introducción con dos anécdotas vividas en el transcur-
          so de tantos años practicando este maravilloso juego de la Mente:
             Cómo escapar de hechos vividos durante tantos años después de re-
          correr todos los ambientes, tanto elitescos de Clubes, como bien popula-
          res, de café, bares y rincones de todo tipo. Comenzaré contándoles uno
          de los más agradables que escuché en uno de los tantos bares ubicados
          en la avenida nueva Granada de Caracas. sucedió en la década de los
          sesenta (1960). todos los sábados dos queridos amigos acudían a jugar
          una partida fija en uno de esos bares, siempre contra las mismas perso-
          nas, dos señores viejitos, entre 70 y 80 años, eran familia, muy decentes
          y educados. imagínense ustedes que se jugaba cada 100 tantos partida
          normal a Bs. 5, «chancleta» a Bs. 10 y «zapatero» a Bs. 15; además se
          ju gaba en el match media botella de escocés (ancestor, güisqui desa -
          parecido, tengo muchos años que no lo veo en el mercado. lo cierto del
          caso era que cada vez que se le presentaba la tranca a uno de los viejitos
          comentaba). «Cuando a uno se le presenta una tranca y no se la puede
          tirar, es que los contrarios son superiores». lo cierto es que han
          transcurrido varias décadas (6) y se mantiene como un axioma el comen-
          tario tan sabio que esos señores pronunciaban de manera dulce y como
          dos bellos abuelos.

             Esta es otra anécdota que les voy a narrar, sucedió en el extinto Club
          de los Curracos, el cual tenía su sede en Caracas, avenida Principal de
          El Rosal (al frente de una fuente de soda), y Restaurante de mucha  fama
          de Caracas (aún existe). Para ilustrarlos mejor, quedaba al lado de las
          trompetas de México. Posteriormente, ese Club de los Curracos se con-
          virtió en El Coche de isidoro. Bueno, eran los años 68 ó 69, todos los
          miércoles se jugaban pollas entre los asistentes y los ganadores recibían
          premios en metálico y la puntuación que se acumulaba era para el ran-
          king mensual, el cual también tenía premio en metálico al final de cada
          mes. Bueno, para hacerles el cuento corto, a las 4 de la mañana cerraban
          el negocio, pues nos íbamos al patio de atrás de la casa y sobre gaveras
          de refrescos vacías improvisábamos una mesa, colocándole periódicos
          encima, y las otras gaveras nos servían de sillas; esto lo hacíamos todos
          los miércoles del mes. En aquel entonces jugábamos polla rotada de
            cuatro personas y la llamábamos triple Corona, y estos atletas tenían
          que ser buenos, porque no se jugaba con patas cojas, «puro encierro de


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