Page 260 - Antología2020mini_Neat
P. 260

que dar la conferencia. No sé dónde queda la estación de autobuses.

                         — Ya la encontraré, no te preocupes.

                         Disminuyó la velocidad, pero siguió conduciendo.

                         — Me gustaría... —dijo.

                         Por dos veces no consiguió terminar la frase. Yo imaginaba qué era lo
                  que le gustaría: agradecer mi compañía, mandar recuerdos a los amigos y, de
                  esa manera, aliviar aquella sensación desagradable.

                         — Me gustaría que fueses conmigo a la conferencia de esta noche—dijo
                  por fin.

                         Me llevé un susto. Quizá estuviese tratando de ganar tiempo para repa-
                  rar el incómodo silencio del viaje.

                         — Me gustaría mucho que fueses conmigo —repitió.

                         Yo  podía  ser  una  muchacha  de  provincias,  sin  grandes  historias  que
                  contar, sin el brillo y la presencia de las mujeres de la ciudad. Pero la vida de
                  provincias, aunque no haga a la mujer más elegante o mejor preparada, le en-
                  seña a escuchar el corazón, a entender sus instintos.

                         Para mi sorpresa, el instinto me decía que él estaba siendo sincero.
                         Respiré aliviada. Claro que no me quedaría a conferencia alguna, pero al
                  menos mi amigo querido parecía estar de vuelta, llamándome para asistir a sus
                  aventuras, compartiendo conmigo sus miedos y victorias.





                         —  Gracias  por  la  invitación  —respondí—.  Pero  no  tengo  dinero  para
                  hotel, y necesito regresar a fin de seguir con mis estudios.

                         — Yo tengo algo de dinero. Puedes quedarte en mi habitación. Pedimos
                  dos camas separadas.

                         Advertí que él estaba empezando a sudar, a pesar del frío. Mi corazón
                  se puso a enviar señales de alarma que yo no conseguía identificar. La sensa-
                  ción de alegría de hacía unos momentos fue sustituida por una inmensa confu-
                  sión.




                  ojos.

                 Detuvo el coche de repente y me miró directo a los ojos.

                 Nadie  logra  mentir,  nadie  logra  ocultar nada cuando mira  directo a  los


                 Y toda mujer, con un mínimo de sensibilidad, consigue leer los ojos de
                  un hombre enamorado. Por absurda que parezca, por fuera de lugar y de tiem-
                  po que se manifieste esa pasión. Me acordé inmediatamente de las palabras
                  de la mujer pelirroja de la fuente.

                         No era posible. Pero era verdad.





                         Nunca,  nunca  en  mi  vida  había  pensado  que  él  —tanto  tiempo  des-
                                                          278
   255   256   257   258   259   260   261   262   263   264   265