Page 233 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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se levantó una tormenta que ningún barco


                aguantaría.


                Chocó con una roca, y las olas lo cubrieron;


                sobre él volaba el Cuervo, y graznó en el choque.


                Oyó el último grito de las almas agonizantes...

                ¡Mira! ¡Mira! ¡Sobre el palo mayor pasan las


                aguas!


               Muy contento estaba el Cuervo, y se alejó, y


                la Muerte cabalgando a casa en una nube


                encontró, y le dio las gracias una y otra vez


                por el festín:


                Ellos le habían robado los suyos, y ¡LA


                VENGANZA ERA DULCE!





                     Señor Hackworth:



                     Espero que el poema anterior haya iluminado


                 las ideas que esbocé durante nuestro encuentro


                 del  martes  pasado,  y  que  contribuya  a  sus

                 estudios paremiológicos.









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