Page 236 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Pronto las calles se hicieron más amplias, y el
sonido de las ruedas sobre el pavimento se mezcló
con el sonido de las olas al chocar con las costas de
Pudong. A través de la bahía, las luces blancas del
Enclave de Nueva Atlantis se elevaban sobre el
mosaico multicolor de los Territorios Cedidos.
Parecía muy lejano, así que en un impulso
Hackworth alquiló un velocípedo a un viejo que
tenía un puesto al abrigo del soporte de la Altavía.
Subió hasta la Altavía y, revigorizado por el aire
frío en la cara y en las manos, decidió pedalear un
rato. Cuando llegó al arco, permitió que las baterías
internas de la bicicleta le llevasen cuesta arriba. En
el punto más alto, las desconectó de nuevo y
empezó a deslizarse cuesta abajo por el otro lado,
disfrutando de la velocidad.
Se le escapó la chistera. Era buena, con una banda
elegante que se suponía la convertía en cosa del
pasado pero, como ingeniero, Hackworth nunca se
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