Page 239 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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ejercitaba a diario en su club mientras que el chico
tenía el aspecto regordete del tete típico. Pero el
chico tenía una buena ventaja. Para cuando
llegaron a la primera rampa que llevaba a los
Territorios Cedidos, Hackworth sólo estaba a diez
o veinte metros, tan cerca como para no resistir
seguir al chico por la rampa. Una señal sobre su
cabeza decía: ENCANTAMIENTO.
Ambos adquirieron más ‐velocidad en la rampa,
y una vez más el chico agarró el borde de la
chistera. Esta vez la rueda delantera de la bicicleta
giró al lado equivocado. El chico salió despedido
del asiento. La bicicleta se alejó una distancia
irrelevante y chocó con algo. El chico rebotó una
vez, rodó y se desplazó un par de metros. El
sombrero, parcialmente hundido, rodó sobre el
borde, se cayó y se quedó parado. Hackworth
apretó los frenos y pasó al chico un poco. Como
antes, le llevó más de lo que hubiese querido darse
la vuelta.
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