Page 243 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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La  máquina  de  tatuaje  trabajó  en  ella  durante


              dieciséis  horas;  le  pusieron  Valium  en  el  brazo


              para  que  no  se  quejase.  La  mayor  parte  de  los


              tatuajes hoy en día era como una palmada en la


              espalda. «¿Está seguro de querer el cráneo?» «Sí,

              estoy  seguro»  «¿Seguro,  seguro?»  «Seguro»


              «Vale...»  y  BANG  y  ahí  estaba  el  cráneo,


              chorreando  sangre  y  linfa,  atravesando  tu


              epidermis  con  una  onda  de  presión  que  casi  te


              sacaba de la silla. Pero una rejilla dérmica era otro


              asunto, y una Jodie tenia cien veces más ʹsitos que


              las rejillas de baja resolución que llevaban muchas


              estrellas del porno, como diez mil sólo en la cara.

              La parte más desagradable fue cuando la máquina


              bajó hasta la garganta para plantar un montón de


              nanófonos que iban de sus cuerdas vocales hasta


              las mandíbulas. Para eso cerró los ojos.





                 Se  alegró  de  haberlo  hecho  el  día  antes  de


              Navidad porque no hubiese podido con los niños


              después de aquello. Se le hinchó la cara, tal y como


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