Page 24 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
P. 24

exageradas  que  a  efectos  prácticos  eran


              supersticiones.  En  ese  caso,  le  indicaban  que  no


              debía pedir la cicatriz.





                 Además,  tenía  una  buena  colección  de  Miras:

              gafas de sol no demasiado elegantes con cruces en


              las  lentes  del  ojo  dominante.  Eran  maravillosas


              para  la  puntería  y  también  eran  bastante


              conspicuas, por lo que todos sabían que no debían


              joder a un tío que llevaba Miras.





                 —Dé  un  giro  —dijo  el  tipo,  y  dio  la  vuelta  al


              sillón,  un  viejo  y  enorme  sillón  de  barbero

              recubierto de plástico de colores, con lo que Bud


              acabó frente a un maniquí al otro extremo de la


              habitación. El maniquí no tenía ni cara ni pelo y


              estaba           cubierto             de        pequeñas               marcas             de


              quemaduras, al igual que la pared tras él.





                 —Estado  —dijo  Bud,  y  sintió  que  la  pistola


              zumbaba ligeramente en respuesta.


                                                                                                         24
   19   20   21   22   23   24   25   26   27   28   29