Page 329 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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delantera para que los ocupantes pudiesen tener


              algo  de  intimidad  entre  actos.  Habían guardado


              las cortinas con naftalina y las habían sustituido


              por pantallas móviles a prueba de ruido, también


              habían sacado los asientos y los habían colocado en

              el  sótano.  Ahora  cada  palco  era  una  habitación


              privada en forma de huevo del tamaño justo para


              servir de escenario corporal. Esos doce escenarios


              generaban  el  setenta  y  cinco  por  ciento  de  los


              ingresos del Teatro Parnasse.





                 Miranda  comprobó  su  escenario  media  hora


             antes  para  realizar  un  diagnóstico  de  su  rejilla

             tatuada.  Los ʹsitos  no  duraban  para  siempre;  la


             electricidad  estática  o  los  rayos  cósmicos  podían


             sacarlos  de  su  posición,  y  si  dejabas  que  tu


             instrumento  de  trabajo  se  arruinase  por  pura


             vagancia, no merecías llamarte ractor.





                 Miranda había decorado las paredes muertas de


              su propio escenario con pósters y fotos de modelos,


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