Page 590 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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—Quiero quedarme aquí. Es agradable —dijo


             Nell.





                 —No eres la única que lo piensa —dijo Harv—.


             Por eso hay vainas aquí.




                 —¿Vainas?





                 —Aeróstatos. Para la seguridad.





                 Nell se alegró al oírlo y no podía entender por


             qué su hermano hablaba de la segundad con tanto


             temor en la voz.




                 Un  turbojet  soprano  pareció  colocarse  sobre


             ellos,  oyéndose  más  o  menos  a  medida  que


             atravesaba la flora. El hiriente susurro se rebajó en


             un  par  de  notas  al  detenerse  justo  sobre  sus


             cabezas. No podían ver más que destellos de luz de


             colores de los lejanos mediatrones que se reflejaban






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