Page 588 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Nell  ya  se  había  abierto  paso  al  interior  del


              bosque, o al menos todo lo profundo que se podía


              llegar  en  los  estrechos  cinturones  verdes  que


              separaban entre sí los Territorios Cedidos. Se cayó


              un par de veces y se golpeó la cabeza con un árbol

              hasta que, con adaptabilidad infantil, comprendió


              que  aquellas  superficies  no  eran  planas  como  el


              suelo, la calle o la acera. Los tobillos tendrían que


              demostrar algo de versatilidad. Era como uno de


              aquellos  sitios  sobre  los  que  había  leído  en  el


              Manual  Ilustrado,  una  zona  mágica  donde  la


              dimensión                 fractal          del         terreno            se        había


              desmadrado, había producido copias más peque‐

              ñas de sí misma, las había repetido hasta el nivel


              microscópico, había echado tierra encima, y había


              plantado algunos de esos terribles pinos que crecen


              tan rápido como el bambú. Nell pronto encontró


              uno enorme que había sido derribado durante un


              tifón  reciente,  con  las  raíces  fuera  y,  por  tanto,


              dejaba  una  depresión  que  invitaba  a  esconderse.


              Nell saltó dentro.


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