Page 758 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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primera vez que Nell oía un recital formal. No
era experta en gaitas, pero pensó que no sonaba
mal. Tocaba una pieza lenta, una endecha, y era
tan triste que casi rompió el corazón de Nell en
pedazos; la imagen del condestable llorando
desconsoladamente sobre manos y rodillas no
era ni la mitad de triste que la música que ahora
tocaba.
Con el tiempo pasó a una variación más
rápida y alegre. Nell salió de la casa al jardín. El
condestable sólo era una silueta cortada en cien‐
tos de tiras por las astas de bambú, pero cuando
ella se movía de un lado a otro, algún truco
ocular recomponía la imagen. Él estaba sentado
bajo la luz de la luna. Se había cambiado de ropas:
ahora vestía su falda escocesa, una camisa y
boina que parecían pertenecer a un uniforme.
Cuando vaciaba los pulmones y volvía a respirar,
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