Page 787 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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como pétalos llevados por una ráfaga de viento


             Primaveral. Vestían largos y pesados abrigos de


             lana encima de los vestidos para protegerse del


             aire  frío  de  la  alta  meseta  central  de  Nueva


             Chusan.  Parecía  que  se  dirigían  hacia  una


             extensión de tierra quebrada a una distancia de


             poco  menos  de  un  kilómetro,  separada  de  los


             jardines principales de la casa por un muro de

             piedra  gris  salpicado  de  manchas  verdes  y


             azules donde el musgo y los líquenes se habían


             asentado. El terreno más allá del muro era de un


             color avellana apagado, como una bala de heno


             que se hubiese caído de un carro y se hubiese


             desatado, aunque el florecimiento incipiente del


             brezo lo había cubierto de una neblina violeta,


             casi  transparente  pero  claramente  visible  en

             aquellos  lugares  donde  la  línea  de  visión  del


             observador se cruzaba con la inclinación natural


             del  terreno;  si  la  palabra  «natural»  podía


             aplicarse a algún detalle de aquella isla. Por otra


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