Page 790 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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durante la primera hora de su conversación le


              había llevado a pensar lo contrario.





                 Sintiendo que su vista se había demorado en


              su  rostro  más  de  lo  estrictamente  apropiado,


              Finkle‐McGraw  miró  a  las  tres  chicas  que


              corrían por el jardín. Una de las chicas tenía el


              pelo negro como un cuervo, que traicionaba su

              parcial  herencia  coreana;  pero  habiendo  es‐


              tablecido su posición como punto de referencia,


              su atención cambio a la tercera chica, cuyo pelo


              estaba  a  medio  camino  de  una  transición


              gradual  y  natural  de  rubio  a  marrón.  Aquella


              niña  era  la  más  alta  de  las  tres,  aunque  todas


              tenían más o menos la misma edad; y aunque


              participaba  libremente  en  todos  los  juegos

              ligeros, rara vez los iniciaba y, cuando la dejaban


              sola,  tendía  hacia  un  semblante  grave  que  la


              hacía  parecer  mayor  que  sus  compañeras.


              Mientras  el  Lord  Accionista  observaba  los


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