Page 789 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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luchaban por subir por la vasta explanada que
separaba el salario de esclavos de las
Participaciones de Accionistas. Se hubiese
anotado y transmitido por tradición oral que
Gwendolyn Hackworth, aunque atractiva, de
buen talle y equilibro, no tuvo la confianza
suficiente para visitar la casa de lord Finkle‐
McGraw sin hacerse confeccionar un nuevo
vestido para la ocasión.
La luz gris que llenaba la sala a través de las
altas ventanas era tan suave como la niebla. Al
permanecer la señora Hackworth envuelta en
aquella luz, bebiendo té beige de una taza
translúcida de porcelana china, su rostro dejó
caer la guardia y demostró algunos rastros de su
verdadero estado mental. Su anfitrión, lord
Finkle‐McGraw, pensó que parecía remota y
preocupada, aunque su vivaz comportamiento
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