Page 79 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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de niños pequeños que se habían metido allí antes
que él. Parecían asustados, como muchos recién
llegados, pero Bud notó cómo la mirada del hom‐
bre se fijaba en sus Miras, preguntándose si el
punto de mira, invisible para él, estaba centrado en
su persona, su mujer o los niños.
Bud no se apartó. Él cargaba y ellos no, por lo que
tenían que dejarle pasar. Pero en lugar de eso se
quedaron quietos.
—¿Algún problema? —dijo Bud.
—¿Qué quiere? —dijo el hombre.
Hacía mucho desde que alguien había expresado
una preocupación tan sincera por los deseos de
Bud, y en cierta forma le gustaba. Comprendió que
aquella gente creía que les estaba robando.
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