Page 83 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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(que era el caso), y de pronto echó la cabeza hacia
delante y se quedó mirando fijamente la cara del
tipo. Era otra forma de enfatizar que cargaba y
funcionaba normalmente. Pero el tipo no
respondió con el ligero movimiento de sorpresa
que Bud había aprendido a esperar y disfrutar.
Quizá fuese de alguna nación bananera donde no
sabían lo que era una pistola craneal.
—Señor —dijo el hombre—, mi familia y yo nos
dirigimos a nuestro hotel. El viaje ha sido largo y
estamos cansados; mi hija tiene una infección en el
oído. Si me dijese lo que desea con la mayor
prontitud posible, le estaría muy agradecido.
—Habla como un maldito vicky —dijo Bud.
—Señor, no soy lo que usted llama un vicky, o
hubiese ido directamente allí. Le estaría muy
agradecido si tuviese la amabilidad de moderar su
lenguaje en presencia de mi mujer e hija.
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