Page 835 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Ahora, de alguna forma, la pelota estaba en el
campo de Miranda.
—Si han encontrado una forma de derrotar a
la probabilidad, ¿por qué no van a un ractivo de
Las Vegas y ganan una fortuna?
En realidad el señor Beck y el señor Oda
parecían más divertidos por esa salida de lo que
ella había esperado. Eran capaces de disfrutar de
la ironía. Aquélla era una buena señal en la casi
insoportable avalancha de señales negativas que
había estado recibiendo hasta ahora.
La banda arrancó, tocando música de baile con
buen ritmo. Las luces se redujeron, y la fiesta
comenzó a brillar con los parpadeos de luz de
los broches de libélula.
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