Page 830 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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kimono oscuro y fumando lo que olía como un


              viejo cigarro cancerígeno.





                 —Miranda, éstos son el señor Beck y el señor


              Oda,  ambos  privados.  Caballeros,  la  señorita


              Miranda Redpath.





                 Los  dos  hombres  saludaron  en  un  patético

              vestigio  de  inclinación,  pero  ninguno  intentó


              darle la mano, lo que estaba bien: hoy en día,


              cosas  muy  sorprendentes  podían  transferirse


              por contacto de la piel. Miranda ni siquiera se


              molestó en devolver el saludo; se limitó a que‐


              darse sentada y a dejar que Cari la presentase.


              No  le  gustaba  la  gente  que  se  describía  a  sí


              misma como privados. Era simplemente una for‐

              ma  presuntuosa  de  decir  tete:  alguien  que  no


              tenía tribu.









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