Page 849 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Durante  toda  aquella  calurosa  tarde  Nell


              negoció                los            innumerables                       caminos,


              ocasionalmente llevando la mano hasta la bolsa


              que le colgaba de la cintura, sacando un puñado


              de cenizas de Púrpura y esparciéndolo tras ella.


              Cuando  se  detenía  a  descansar,  miraba  al


              desierto  ardiente  que  había  atravesado:  una


              planicie rojiza manchada con piedras volcánicas

              marrón rojizas, y trozos de aromáticos arbustos


              verdegrises que crecían como el moho del pan


              en cualquier lugar donde estuviesen a cubierto


              del viento eterno. Había esperado que una vez


              ascendida la cara de la montaña, se elevaría por


              encima  del  polvo,  pero  la  había  seguido,


              cubriéndole  los  labios  y  los  dedos.  Cuando


              respiraba, le picaba en su nariz reseca, así que

              había dejado de intentar oler nada. Pero al final


              de  la  farde  una  brisa  fresca  venía  de  los


              montañas  hasta  su  cara.  La  respiraba,


              intentando atrapar algo de aire frío antes de que


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