Page 94 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Había oído que no era bueno ser comunista, pero


             en esas circunstancias supuso que podría bajar la


             nariz  y  citar  del  pequeño  libro  rojo  todo  lo  que


             fuese necesario. Tan pronto como los ashantis se


             fuesen, se saldría.




                 Una vez decidido, no podía esperar a llegar allí.


              Tuvo que controlarse para no empezar a correr, lo


              que con seguridad hubiese llamado la atención de


              cualquier ashanti en la calle. No podía soportar la


              idea de estar tan cerca de la seguridad y fracasar.





                 Dobló  la  esquina  y  vio  la  pared  del  Enclave

              Sendero de cuatro pisos de alto y dos manzanas de


              largo, un enorme mediatrón sólido con una puerta


              diminuta  en  el  medio.  Mao  estaba  a  un  lado,


              saludando  a  una  multitud  invisible,  frente  a  su


              mujer de dientes de caballo y su ayudante Lin Biao,


              del color de un escarabajo, y el Presidente Gonzalo


              estaba  al  otro  lado,  enseñando  a  unos  niños


              pequeños, y en medio un eslogan en letras de diez


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