Page 807 - La Estacion De La Calle Perdido - China Mieville
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metal injertado. Desde luego, la impresión era la de una
sustitución casi total, con cuerpos esculpidos con
exquisito e inusual cuidado para imitar la musculatura
humana.
A primera vista, no había carne aparente. Los
rehechos tenían cabezas de acero moldeado, e incluso
sus rostros eran de impávido metal: pesados ceños
industriales, ojos insectiles de piedra o cristal opaco,
nariz delgada, labios apretados y mejillas de un oscuro
brillo, como el del peltre pulido. Aquellas expresiones
habían sido esculpidas con propósitos estéticos.
Stem‐Fulcher solo había reparado en que eran
rehechos, y no fabulosos constructos, cuando alcanzó a
divisar la nuca de uno de ellos. Embebido bajo el
espléndido rostro de metal había otro humano, mucho
menos perfecto.
Aquella era la única característica orgánica que
conservaban. Sobresaliendo de los extremos de los
inmóviles rasgos metálicos, frente a los ojos humanos,
se habían instalado espejos a imitación del cabello.
El cuerpo estaba girado ciento ochenta grados
respecto a la cabeza real, con los brazos‐pistola, las
piernas y el pecho mirando hacia el otro lado; la
carátula metálica completaba la ilusión desde el frente.
Los rehechos mantenían sus cuerpos encarados en el
mismo sentido que sus compañeros normales.
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