Page 136 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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protuberancias.  El  espacio  exageradamente


              grande entre cada bosquecillo es un cortafuegos,


              algo que las arañas conocen bien. Los niveles de

              oxígeno de su planeta son mayores que los de la


              Tierra,  y  los  incendios  causados  por  rayos  son


              una amenaza constante.



              Lo  que  tienen  ante  sus  ojos  no  es  obra  de  la

              naturaleza. Es una plantación, y los braceros que


              la  cultivan  son  claramente  visibles.  Allá  donde


              Portia dirige la vista encuentra más de estos y, si


              mira  más  allá  de  los  escaques  de  arboledas,

              puede  divisar  un  montículo  de  laderas


              empinadas que debe ser la parte superior de la


              colonia  de  los  propietarios  de  la  plantación,

              mientras  que  la  mayor  parte  queda  escondida


              bajo  tierra.  Sobre  él  cuelga  un  palio  de  humo


              como una nube de tormenta.



              La  especie  de  Portia  tiene  clara  consciencia  de

              que  no  son  las  únicas  herederas  de  su  mundo.


              Aunque  no  pueden  saber  que  el  nanovirus  ha


              estado  remodelando  la  vida  allí  durante


              milenios,  hay  ciertas  especies  con  las  que

              comparten el planeta que reconocen como algo


              más  que  animales.  Las  escupidoras  son  un


              ejemplo del extremo más bajo, apenas salidas de

              un estado de naturaleza embrutecido, pero si se


              las mira a los ojillos miopes se puede identificar


              que son inteligentes… y, por tanto, peligrosas.










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