Page 192 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
P. 192
—Todos estamos a muchas vidas humanas de
casa —le recordó Holsten.
—¡Pero íbamos dormidos! —le gritó Nessel—. Y
estábamos todos juntos, toda la especie humana,
así que no contaba, y no importaba. Trajimos con
nosotros nuestro propio tiempo, y paramos el
reloj mientras dormíamos y lo activamos de
nuevo al despertar. ¿Qué más da cuántos miles
de años hayan pasado en la vieja Tierra muerta?
Pero cuando la Gil se dirija a donde coño vaya,
nosotros no dormiremos. Se supone que tenemos
que construir una vida allí abajo, en el hielo,
dentro de esas estúpidas cajitas que han
construidos los sistemas automáticos. ¡Una vida,
doctor Mason! Una vida entera dentro de esas
cajas. ¿Y luego qué? ¿Tener hijos? ¿Puedes
imaginarlo? Generaciones de habitantes de los
hielos, olvidando cada vez más quiénes éramos,
pudriéndonos y sin ver jamás el sol salvo como
una estrella más. Cultivando las tinas y comiendo
moho y produciendo nuevas generaciones
condenadas a no conseguir nada, mientras
vosotros, los gloriosos viajeros estelares, os
dormís envueltos en vuestra ausencia de tiempo
y os despertáis doscientos años después como si
fuera el día siguiente. —Ahora gritaba, casi
chillaba, y Holsten se dio cuenta de que debía
llevar demasiado tiempo despierta; que él había
perforado el dique, produciendo una riada con
sus palabras imprudentes—. Y cuando os
191

