Page 364 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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había pedido. Pero sí, se las había enviado ayer a
Guyen para que las inspeccionara
personalmente, ¿no era así? ¿Y ya las había leído?
El rostro de Guyen no daba ninguna pista.
—Tienes que venir conmigo. —El tono podría
haber incluido fácilmente la presunción de que
Holsten estaba a punto de ser ejecutado por
alguna traición cometida contra el régimen
unipersonal de Guyen. Pero la ausencia de un
equipo de Seguridad acompañándolo resultaba
tranquilizadora.
—Bueno, yo… —Holsten hizo un gesto vago
hacia la consola, pero en realidad el trabajo había
perdido buena parte de su interés en los últimos
días. Era repetitivo, era agotador, y resultaba
deprimente de una forma curiosamente personal.
La oportunidad de dejarlo de lado, aunque fuera
para acompañar a Guyen, era inexpresablemente
atractiva—. ¿Qué necesitas, jefe?
Guyen le hizo un gesto para que lo siguiera y,
después de dar varios giros por los pasillos de la
Gilgamesh, Holsten adivinó que se dirigían a los
hangares de las lanzaderas. Este no era
exactamente un camino que recordarse con
afecto. Aquí y allá incluso vio algunos agujeros
de bala que los equipos de mantenimiento aún no
habían reparado.
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