Page 472 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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pateando furiosamente el cuerpo agonizante de
uno de los monjes locos de Guyen. Su mente, que
había renunciado temporalmente a cualquier
ilusión de control, se preguntaba si el
comandante habría prometido algún tipo de
recompensa póstuma a sus esbirros, y si esa
promesa suponía un consuelo con un agujero en
el estómago.
Súbitamente se vio libre, y se aferró a la pared
para volver a ponerse en pie. Su rodilla torcida se
resistía a cargar con su peso, pero estaba hasta el
culo de adrenalina y le dio igual. Así consiguió
apartarse dos pasos de la batalla, en cuyo punto
lo agarraron. Sin aviso, dos de los matones más
grandes de Guyen cayeron sobre él, y vio el
destello de un cuchillo en una mano. Gritó algo
parecido a una súplica por su vida, y entonces lo
empujaron contra la pared para asegurarse.
Estaba convencido de que estaba a punto de
morir, y su imaginación se adelantó, intentando
prepararle para la estocada que iba a llegar
presentándole una imagen del cuchillo ya
clavado con angustioso detalle. Vivió el
enfermizo tambaleo del impacto, el frío filo del
cuchillo, el cálido brotar de la sangre cuando los
órganos que su piel había mantenido
aprisionados durante tanto, tanto tiempo
finalmente aprovechaban la oportunidad para
liberarse.
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