Page 28 - Ciencia Ficción - Selección 01
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Ella no podía resistir esa sonrisa; ahora se encogió
de hombros y, después de lanzar una breve
carcajada, lo besó en los labios. No era capaz de
estar enfadada con Birdie más de diez minutos
seguidos. Le hacía reír y olvidar todo lo que no
fuera su amor. En ese aspecto, Milly era como su
madre. Y Birdie era como el hijo de ella.
Las 11.35. El examen de Historia del Arte se
iniciaba a las dos. Ya había perdido la clase de las
diez, sobre Aptitud de Consumo. Una lástima.
Birdie se dirigió al cuarto de baño para asearse, y
la radio automática comenzó a sonar cuando abrió
la puerta. Estaban tocando Vaya, vaya, ¿por qué soy
tan feliz? Birdie también pudo haberse hecho la
misma pregunta.
Ya de vuelta, en el dormitorio, trató de llamar por
teléfono a Milly, a su trabajo, pero sólo había un
aparato en cada sección de segunda clase de los
reactores de la Pan‐American, y solía estar ocupado
durante todo el vuelo. Dejó un mensaje para que
ella le llamara, aunque sabía que no lo haría.
Resolvió ponerse su jersey blanco, con el pantalón
tejano del mismo color, y zapatillas blancas. Se
cepilló y peinó el cabello, se miró en el espejo del
cuarto de baño y sonrió complacido. La radio
automática comenzó a transmitir su anuncio
favorito, el de la Ford. Solo, frente al espacio que
había ante los urinarios, comenzó a bailar mientras
entonaba las estrofas de la serie comercial.
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