Page 86 - Ciencia Ficción - Selección 01
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crecía  desmesuradamente  entre  mis  manos,  hasta


            llegar  a  sobresalir  por  encima  de  los  árboles  más


            altos,  formando  parte  de  una  extraña  nave  cuya

            proa parecía un enorme dardo, con las parchadas


            velas flotando perezosamente bajo el escaso viento.


               —¡El mascarón de proa de una nave de esclavos,


            convertido  en  un  dios!  —exclamó  Winterborn

            mirando a su tesoro—. ¿Realmente lo cree usted así,


            señor?


               —Nada me sorprendería: un negro cíclope o Poly‐


            phemus,  ¿quién  sabe?  Ya  podrás  imaginar  la

            impresión que produciría una figura muchas veces


            mayor  que  este  tamaño  deslizándose  por  un  río.


            Para lograr que el dios estuviese de buen humor, los


            nativos  de  la  localidad  seguramente  tallaron  este

            modelo  en  pequeño,  esto  creo  yo,  posiblemente


            tallado  por  las  propias  tripulaciones  ribereñas.


            Luego le llevaron a tierra y comenzaron a ofrecerle


            los sacrificios que más le complacían.

               —¡Vaya!  Veo  lo  que  quiere  usted  decir,  señor...,


            con eso del mascarón de proa. Debió ser entonces


            un barco bestial.


               —De lo peor, sin duda alguna.

               —Ahora  mismo  no  parece  estar  de  muy  buen


            humor, ¿verdad, señor? Quizá echa de menos tales


            sacrificios.  ¿Cree  usted  que  le  importaría  mucho


            tomarse un chocolate con leche?

               —Seguramente exigiría una dieta más fuerte, me


            temo yo, que chocolate y leche.







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