Page 1075 - Seveneves -Neal Stephenson
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orilla.  La  pendiente  del  descenso  era  sutil,  pero


            los latidos en las rodillas de Kath Two ponían de


            manifiesto su magnitud. Había dado una docena


            de pasos en la bajada, midiendo el ángulo con las



            plantas  de  los  pies  llenas  de  ampollas  y


            percibiendo la corriente de aire con los labios, el


            pelo y las palmas de las manos. Entonces se había


            dado la vuelta y había regresado fatigosamente a


            un punto de inflexión que hubiera sido invisible


            de  no  ser  porque  el  Sol  ya  bajo  de  la  tarde  lo


            rozaba,  de  manera  que  se  proyectaba  una  nítida



            línea terminador sobre el terreno.




                    Se expandía allí donde el viento soplaba sobre


            la  curva  del  horizonte.  La  expansión  había  sido


            débil con el viento moribundo del anteocaso, pero


            sabía que se volvería más pronunciada durante la


            mañana, mientras el sol se alzaba y el aire huía de


            su calor. Así que había dejado caer la mochila y


            había montado el campamento.




                    La fuente de la luz moteada, como la veía en


            ese  momento,  era  la  luz  del  Sol  que  destellaba


            desde las olas del lago allá abajo y lanzaba rayos a


            través  de  las  ramas  de  los  árboles  que,  a  un



            centenar  de  metros  ladera  abajo,  empezaban  a


            agitarse  con  la  brisa  matutina  y  producían  un



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