Page 1078 - Seveneves -Neal Stephenson
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centelleante  había  subido  en  temperatura  hasta


            un  dorado  metálico.  Todo  en  la  escena  era  una


            combinación  de  fenómenos  excepcionalmente


            complejos  e  impredecibles:  las  ondas  en  el  lago,



            las formas en las ramas de los árboles que habían


            crecido               durante                el         siglo            transcurrido,


            aproximadamente, desde que el terreno se había


            sembrado  con  cápsulas  precipitadas  desde  el


            espacio,  lanzadas  como  dados  sobre  las


            deyecciones de la miríada de impactos de bólidos


            de la Lluvia Sólida, y que encontraban agarre en



            fisuras preparadas por microbios trituradores de


            roca.




                    Las  ramas  y  las  hojas  respondían  a  las


            corrientes de aire, que a su vez eran aleatorias y


            turbulentas  hasta  un  punto  que  sobrepasaba  al


            capacidad humana de cálculo. Pensó en el hecho


            de  que  el  cerebro  humano  —en  realidad,  el  de


            cualquier  animal  grande—  había  evolucionado


            para vivir en entornos como aquel y para nutrirse


            de  estímulos  tan  complejos.  Durante  cinco  mil



            años las razas humanas habían vivido sin ese tipo


            de  estímulos.  Habían  intentado  simularlo  con


            ordenadores.                     Habían                construido                  hábitats


            suficientemente  grandes  como  para  contener





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