Page 1080 - Seveneves -Neal Stephenson
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encontrar  y  organizar  la  energía  que  necesitaba


            para  volver  a  casa;  pero  las  cosas  habían


            cambiado  durante  la  noche.  El  aire  se  movía;


            todavía no con la fuerza necesaria para sentirlo en



            el rostro, pero sí la suficiente para agitar las hojas


            en las copas de los árboles y ondular las puntas


            de  la  hierba  alta.  Por  encima  debía  de  estar


            moviéndose con más fuerza, porque la sábana de


            nubes del día anterior había quedado desgarrada


            en jirones y mechones, de un gris‐púrpura en la


            parte  inferior  y  naranja‐rosado  en  el  flanco



            oriental. Sin embargo, el cielo entre los restos de


            nubes  estaba  perfectamente  despejado  y  todavía


            lo  suficientemente  oscuro  como  para  poder  ver


            unas pocas estrellas y planetas. Y hacia el sur —


            porque se encontraba en el hemisferio norte— un


            ordenado anillo de puntos brillantes emergía por


            el este del horizonte y se arqueaba a través de la


            bóveda del cielo hasta que se precipitaba hacia la


            sombra  del  mundo,  allá  hacia  el  oeste.  Desde



            donde estaba podía ver casi la mitad de los diez


            mil hábitats en el anillo. Lejos hacia el este, justo


            encima  del  horizonte,  había  un  punto  de  luz


            especialmente  brillante,  como  el  broche  de  un


            collar.  Sería  la  estructura  colosal  del  Ojo


            estacionado sobre el Atlántico.



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