Page 266 - Seveneves -Neal Stephenson
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microfibra y pantalones para la nieve se metieron
debajo y se pusieron a levantarlo. Al otro lado
habían fijado cables de arrastre, sacados de las
cajas de herramientas, a los parachoques de varias
camionetas, que con la tracción a las cuatro
ruedas tiraron al mismo tiempo que la gente
empujaba. Con asombrosa facilidad el conjunto se
levantó y se mantuvo un momento sobre la mitad
de sus ruedas —con el único sonido de las ruedas
de las camionetas a todo girar mientras los
conductores le daban al acelerador—; luego ya
cayó a su posición original. Un rugido inmenso
gritó: ¡Biennn!, tanto por alivio como por
emoción. Doob intercambió choques de manos
enguantadas con unas veinte personas que no
había visto en su vida y que jamás volvería a ver.
Hacer que el camión volviese a apuntar en la
dirección correcta, para recuperar su camino por
la interestatal, sería una operación más tediosa
que probablemente llevase un par de horas más.
Pero al poco fueron al menos capaces de abrir un
carril. Para entonces, la gente con vehículos con
tracción a las cuatro ruedas ya había atravesado la
mediana para reclamar carriles del sentido
contrario, donde el escaso tráfico se transformó en
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