Page 265 - Seveneves -Neal Stephenson
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completamente vacía, se prolongaba hasta el
infinito. Una zona de esquí, iluminada para el uso
nocturno, se extendía a la derecha montaña
arriba. En la distancia, a unos quince o treinta
kilómetros, una parte de la montaña parpadeaba
con un resplandor naranja a través de velos
intercalados de nieve y niebla: el punto de
impacto del bólido. Doob cayó en la cuenta de
cómo había sucedido. El meteoro había pasado
por encima. Para él no había sido más que un
destello sobre las nubes, pero la gente que subía
por el paso en aquel mismo momento debió de
verlo al llegar al suelo y acabar con una franja de
kilómetro y pico de bosque. Probablemente los
coches se despistaron y se salieron de los carriles.
Seguro que el conductor del camión se vio
obligado a frenar y las ruedas perdieron agarre
sobre el firme cubierto de aguanieve.
A este lado del accidente debía de haber más
de cien personas.
Veinte minutos después, eran suficientes para
levantar el camión y colocarlo sobre sus ruedas.
Como una cuadrilla de trabajo de esclavos
egipcios moviendo un enorme bloque de piedra,
todas esas personas con parcas, guantes de
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