Page 483 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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notas sin gracia, pero en ocasiones aparecía una
melodía linda, como una gema inesperada
producida por las permutaciones del I Ching. El
Palacio de Diamante de Fuente Victoria relucía
con los colores del melocotón y el ámbar al recibir
la luz del amanecer, cuando el sol todavía se
escondía tras la montaña. Nell y Harv habían
dormido sorprendentemente bien bajo la manta
plateada, pero eso no quería decir de ninguna
forma que durmiesen mucho. La marcial marcha
del Enclave de Sendero los había despertado, y
para cuando volvieron a la calle, los grandes
evangelizadores coreanos e incas de Sendero ya
habían salido por las puertas y se habían
desperdigado por las calles de los Territorios
Cedidos, cargando con los mediatrones plegables
y las pesadas cajas llenas de pequeños libros rojos.
—Podríamos ir allí, Nell —dijo Harv, y Nell
pensó que debía de estar bromeando—. Siempre
hay qué comer y tienes un jergón caliente en
Sendero.
—No me dejarían conservar mi libro —dijo
Nell.
Harv la miró ligeramente sorprendido.
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